San Antonio María Claret


Biografía

San Antonio María Claret
Fiesta: 24 de octubre
Patrón: de tejedores, prensa católica.

San Antonio María Claret nació el 23 de diciembre de 1807 en Sallent, un pueblo de Cataluña, España. Era el quinto hijo de los once de Juan Claret y Josefa Clará. Su padre tenía una pequeña fábrica de telas, pero no era rico. Antonio crece en un ambiente cristiano que lo lleva a una temprana profundidad en la vivencia de su fe.

A los cinco años piensa en la eternidad: "siempre, siempre..." y desea evitarle la eternidad infeliz de los pecadores. "Esta misma idea es la que más me ha hecho y me hace trabajar aún, y me hará trabajar mientras viva, en la conversión de los pecadores". (Autobiografía # 9). A los once años un obispo visita su escuela y le pregunta qué quiere ser, responde sin vacilar: "sacerdote".

Tejedor
Cuando Antonio tiene suficiente edad comienza a trabajar en el telar de su padre. Antonio no sabe entregarse a medias a nada, y pone todo su afán en perfeccionarse en el arte textil. A los 17 años su carrera promete tanto, que su padre lo envía a Barcelona a estudiar. Trabaja de noche y estudia de día, como él nos dice: "era un delirio lo que yo tenía por la fabricación... durante la misa me venían ideas nuevas, descubrimientos, etc., por momentos tenía más máquinas en la cabeza que santos había en el altar". (Aut. 66 y 67) Se extiende la fama de su habilidad en los telares y llegan a proponerle un gran puesto en una empresa textil, sin saber por qué rehúsa la oferta. Dios lo guía sin él saberlo.

Vocación
Un día, en medio de la Misa recuerda haber leído las palabras del Evangelio: "de qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si finalmente pierde su alma". "Esta sentencia me causó una profunda impresión... fue para mí una saeta que me hirió el corazón". (Aut.68). Su vida cambia a partir de ese momento.

Busca consejo espiritual en el Padre Pablo Amigó (Orden de San Felipe Neri) que le recomienda que empiece a estudiar latín. Quiere ser monje Cartujo, su padre se resigna a la voluntad de Dios, pero prefiere verlo sacerdote secular. Le recomiendan que hable con el Obispo de Vic en su camino de regreso a Sallent. Este lo convence a entrar al seminario de esa diócesis que contaba con unos 1000 seminaristas. Tenía 21 años.

Pero no abandona el sueño de ser Cartujo, y después de un año en el seminario decide irse a la Cartuja de Montealegre. Por el camino lo sorprende una tempestad, al correr bajo la lluvia se da cuenta de que su salud no es muy buena. Esto lo lleva a dudar de su vocación de Cartujo y decide regresar a Vic. Continúa en el Seminario y el 13 de junio de 1835 recibe las órdenes sagradas.

Su profunda devoción a María lo lleva a tomar el nombre de María como parte de su nombre. Es nombrado asistente del pastor de Santa María de Sallent, su pueblo natal, pero este pequeño pueblo le queda chico a los anhelos apostólicos de Claret. Además, la situación política en España limita su acción misionera, y con ello el deseo de predicar el Evangelio en tierras lejanas, entonces decide ir a Roma para ofrecerse a "Propaganda Fide" (organización que proveía misioneros a países necesitados). Sus planes cambian y opta por quedarse en el Seminario de la Compañía de Jesús, donde nuevamente la salud le obliga a regresar a España.

Misionero en Cataluña y Canarias
Establecido en la parroquia de Viladrau comienza a realizar misiones populares. Viajando a pie, con un hatillo al hombro recorre los poblados cercanos predicando incansablemente. A veces predica 7 sermones en un día y confiesa hasta 10 horas seguidas. Encomienda sus jornadas misioneras a la Virgen María. Se considera su hijo, formado por Ella en la fragua de su misericordia y amor. Se siente como una saeta en manos de María (Aut. #270).

El secreto de su impacto misionero es el Amor. "La virtud que más necesita un misionero es el amor. Hace el amor en el que predica la divina palabra como el fuego en el fusil. Si un hombre tirara una bala con los dedos, bien poca mella haría pero si esta misma bala tira repujada con el fuego de la pólvora, mata. Así es la divina palabra. Si se dice... llena de fuego de caridad... obrará prodigios" (Aut. #438-9).

La gente lo busca no sólo para un alivio espiritual, sino también para sus penas físicas, ya que en ausencia de médicos aplica plantas medicinales y gana fama de milagroso por sus curaciones. A fines de 1842 es nombrado Misionero Apostólico por la Santa Sede. En 1847 funda con Don José Caixal y Don Antonio Palau, la Librería Religiosa, proyecto clave en su visión misionera.

Claret tenía un sentido muy práctico a la hora de evangelizar, consciente de que la gente cuenta con poco tiempo para leer se dedicó a escribir hojas, volantes y folletos. En el mismo año que se inaugura el tranvía en España Claret publica hojas para leer en el viaje. No perdía oportunidad para evangelizar. Ante las dificultades que encuentra para predicar en Cataluña en medio de la situación política que se vive, acepta la invitación de ir a predicar a las Islas Canarias, donde permanece 14 meses.

Fundador y Arzobispo de Cuba
Después de su regreso de Canarias, el 16 de julio de 1849 realiza uno de sus sueños: la fundación de una congregación religiosa bajo el título de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, para ayudarle en el trabajo misionero. Cinco sacerdotes jóvenes se le unen para lanzarse a la tarea misionera. En esos mismos días recibe el nombramiento de Arzobispo de Cuba y con gran dolor deja la obra recién fundada.

El 6 de octubre de 1850 en la Catedral de Vic, fue consagrado Arzobispo de Santiago de Cuba. Parte para esta isla el 28 de diciembre. Tras dos meses de travesía llega a dicha Arquidiócesis que lleva 14 meses sin pastor. Su primer acto oficial fue consagrar la diócesis a la Virgen, se dirige a El Cobre para visitar a la Imagen de la Virgen de la Caridad y poner su episcopado bajo su protección.

Casi inmediatamente detecta la gran necesidad de formación humana y cristiana de la niñez, especialmente entre los pobres, y llama a la Madre París para iniciar allí la Congregación Religiosa que habían comenzado a planear en Cataluña. Claret se preocupó de la promoción integral de aquel pueblo con la creatividad que lo caracterizaba. Fundó Cajas de Ahorro que hoy llamaríamos Cooperativas de Ahorro y Crédito para ayudar con préstamos a los agricultores.

Creó una granja-escuela en Puerto Príncipe para la capacitación de niños pobres, pues como el decía: "el señor me ha dado un amor entrañable a los pobres". Plantó cerca de 400 árboles y experimentó con la agricultura para desarrollar nuevos métodos de cultivo. Escribe "Las delicias del campo" para promover una espiritualidad de los campesinos. Visita las cárceles y hospitales.

Su actividad no pasa desapercibida ante los enemigos de la fe, sus denuncias de las injusticias, del racismo, y de los abusos que ve a su alrededor desembocan en varios atentados, hasta que en Holguín casi pierde la vida cuando un hombre se le lanza y lo hiere en la mejilla. Claret reacciona con una extraordinaria alegría ante la ocasión de derramar la sangre por el Evangelio: "No puedo explicar el gozo y la alegría que sentía mi alma al ver que había logrado derramar la sangre por amor de Jesús y de María, y poder sellar con la sangre de mis venas las verdades evangélicas" (Aut. #577).

En sus seis años de Arzobispo visitó tres veces todos los pueblos de su extensa diócesis, que entonces comprendía Oriente y Camagüey. En sus dos primeros años confirmó a 100000 personas y casó a 9000 parejas que vivían en concubinato.

Confesor de la Reina
En marzo de 1857 recibe la noticia de que la Reina Isabel II lo ha elegido como confesor. Queda desconcertado, rechaza la vida de la corte, pero obedece. Le pide a la Reina tres cosas: no tener que vivir en palacio, no tener que esperar en la antesala para las audiencias y, sobre todo, libertad para poder desarrollar tareas evangelizadoras y misioneras.

Aprovecha los viajes de la Reina para predicar en diferentes pueblos, pero no acepta viajar en la carroza de la Reina. Desde su nueva posición procura denunciar proféticamente cualquier decisión gubernamental que fuera en contra de los intereses de la Iglesia. En una época en que los reyes elegían a los obispos, Claret influye para que se elijan obispos santos a ocupar las diócesis vacantes.

Durante su estancia en Madrid sufrió nuevos atentados, y sobre todo fue víctima de horribles calumnias. Claret callaba y crecía en profundidad su confianza en Dios. Así pasó once largos años, hasta que en 1868 estalló una revolución que obligó a la Reina y sus acompañantes a huir a Francia. Claret con sus 60 años aprovecha el momento para predicar en París. Continúa atendiendo a la reina y sus familiares hasta que decide irse a Roma. Se hospeda en el convento de los Mercedarios en el Foro Romano. Pío IX lo recibe en audiencia.

Concilio Vaticano I
El 8 de diciembre de 1869 comenzó en Roma el Concilio Vaticano I. Claret es uno de los 700 obispos de todo el mundo reunidos en Concilio. Allí deja su huella al tratarse el tema de la infabilidad papal, verdad que defiende con vehemencia y por fin llega a constituirse en dogma de fe para todos los Católicos. La ambiciosa agenda del Concilio queda a medias al estallar la revolución italiana.

Últimos días en el Destierro
Claret marcha a Prades, Francia, para unirse a sus misioneros que también han huido de España por la guerra. Su salud se ha deteriorado, pero lo siguen persiguiendo. Al llegarle la noticia de que lo buscan tiene que refugiarse en la abadía de los Monjes Cistercienses de Fontfroide (Francia). Escribe su última carta a sus misioneros: "Yo no les puedo ser útil, por el contrario, yo soy como un prófugo... como uno que se esconde de la justicia, y lo peor, no sabemos cuánto durará".

Allí, en el monasterio, acompañado de los PP. José Xifré y Jaime Clotet, cofundadores de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado corazón de María, expresa su deseo de que sobre su tumba se grave el siguiente epitafio: "Amé la justicia, aborrecí la iniquidad, por eso muero en el destierro". Recibe los últimos sacramentos y hace la profesión religiosa como Hijo del Corazón de María en manos del superior general, Padre Xifré.

El 24 de octubre de 1870, con 62 años, regresa a la casa del Padre tras una agonía prolongada. Los restos de San Antonio María Claret hoy se veneran en la Iglesia de los Padres Claretianos en Vic.

En el año 1934 fue beatificado y en 1950 fue canonizado por e1 Papa Pío XII.


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