San Cono


Biografía

San Cono
Fiesta: 3 de junio
Patrón: de panaderos, curaciones milagrosas, los juegos de azar, loterias.

Asentada sobre una colina de más de 600 metros de altura sobre el nivel del mar, se levanta la ciudad de Teggiano (o Diano) antigua ciudad de Lucania occidental, en la Provincia de Salerno, Italia.

Algunos historiadores piensan que fue fundada por los griegos alrededor del siglo VII, antes del nacimiento de Cristo. En esta ciudad, nació a fines del siglo XI San Cono, hijo de la vejez y del milagro. Sus restos descansan en la Iglesia Catedral de Santa María, siendo ciudadano y protector de Teggiano.

Muy poco se sabe de su familia. Su padre pertenecía a la familia Indelli, de buena situación social y sólida posición económica.
Su madre se llamaba Igniva. Ambos de edad avanzada y sin hijos pedían a Dios esta gracia. Una noche tuvieron un mismo sueño. Les pareció que "brotaba del seno de la madre, una gran llama de extraordinario resplandor".

Consultado el cura párroco sobre el significado de la "visión", aseguró que Igniva, concebiría y daría a luz un hijo, al que debía poner el nombre de Cono, quien con la santidad de su vida daría gloria a sus padres y a su pueblo natal, Teggiano. Meses después de esta visión, un niño llenó la casa de llantos y alegría.

Los padres lo llamaron Cono, a raíz del haz luminoso en forma de "Cono" que los padres vieron en el sueño. El hombre madura en la responsabilidad y en el trabajo. Los padres de San Cono no sólo le enseñaron a leer y a escribir, lo entrenaron también en todo trabajo útil para enfrentar la vida.

Cono, con ojos limpios observa que su madre comienza el día con la oración, en la que agradece a Dios el descanso nocturno, le ofrece toda la actividad que realizará durante el día y, pide la bendiga. En la ciudad de Teggiano se lleva una vida sencilla y monótona. Sin embargo, no eran escasas las profundas alegrías. La época de San Cono fue tiempo de graves conflictos y ásperas contiendas, pero de pocas escuelas.

Gracias a la situación económica acomodada de los padres, San Cono pudo frecuentar la escuela. Las escuelas estaban bajo la tutela de los Monasterios, o crecían a la sombra de las Catedrales o modestas Parroquias. Pese a todas esas dificultades, las escuelas fueron viveros de civilización y caldo de cultivo de ese asombroso estallido cultural, científico, filosófico, y teológico de los siglos posteriores.

En aquel tiempo, las riquezas y la gloria no se lograban con la pluma ni con la doctrina, sino con la espada. San Cono no sentía atracción ni por la violencia ni por las armas. Su espíritu dulce, sensible y poético necesitaba de la cultura, como medio de la expresión personal y para vincularse con los grandes espíritus del pasado.

En el desmoronamiento del Imperio Romano, la antigua sabiduría se había desplomado, bajo el ímpetu de las arremetidas de los bárbaros. Todo hubiera perecido en ruinas y hogueras si Benito de Murcia, el monje patriarca de Occidente, no hubiera abierto sus Monasterios que brindaron acogedor refugio a la cultura.

Creciendo en un ambiente tan cristiano, desde niño San Cono demostró marcada inclinación a la vida espiritual. De adolescente exteriorizó gran amor a la Santísima Virgen, imponiéndose voluntariamente privaciones y mortificaciones para honrarla.

Escuchando las voces interiores con las que Dios llamaba a la vida religiosa, ingresó a un Convento benedictino que distaba treinta kilómetros de Diano y que estaba dedicado a la "Santa María Cadossa". Tenía entonces dieciseis años. En el Convento el joven fue enriqueciendo su alma con el ejercicio de las virtudes.

A los dieciocho años, la noche del 2 de junio, mientras cenaba frugalmente con los otros religiosos, una gran luz iluminó el refectorio y se oyó una voz que decía: "Cono, esta noche serás llamado por Dios".

Al alba del 3 de junio, al principio del siglo XII, dejó esta tierra para ir a gozar de la visión beatífica en el cielo.
Fue beatificado por el Papa Sixto V (1585 - 1590) y Canonizado por el Papa Pio IX, el 27 de abril de 1872.

Los Milagros.
En cuanto al primer milagro, se refiere que, como en el Convento los propios hermanos fabricaban su pan de cada día y ellos mismos lo cocían en un horno de barro, en cierta oportunidad en que Cono no aparecía por ninguna parte, a pesar de haber sido buscado por todas las celdas, se lo vio salir precisamente del horno, que a la sazón se hallaba completamente encendido para cocer el pan.

¡Cuál no sería la sorpresa de todos cuando, de repente, se vio al joven hermano salir del interior del horno, exento de toda clase de quemaduras o heridas y portando un pan caliente en la mano!. Evidentemente, su cuerpo era inmune al fuego de la tierra y su acción era un milagro innegable.

El segundo milagro que registra la historia es el que se produjo cuando los padres de la capilla decidieron dar sepultura al cadáver de Cono. Previamente, y como es natural, los habitantes de Diano querían tener el honor de sepultarlo en su villa, y por su parte, los Benedictinos deseaban tenerlo cerca suyo.

Sin haberse puesto de acuerdo en lo que concernía al lugar donde habría de ser sepultado, se decidió entonces dejar que los bueyes que conducían la carreta obrasen por su cuenta, así Cono sería conducido a la mansión definitiva. Los animales, guiados quién sabe por qué directivas celestiales, arrastraron la carreta con su preciosa carga hasta la plaza de la población de Diano Teggiano y, deteniéndose allí, no se movieron más.

Allí fue sepultado el amado hijo de la pequeña villa, hasta que más tarde, por disposición popular, se sacaron sus restos colocando en su lugar una estatua de bronce y llevando aquellos a la capilla.

Llegamos al tercer milagro. Cierto día la población se vio amenazada por un terremoto de grandes proyecciones, que arrasó con la mayoría de las casas, animales y humanos. Sólo la Capilla donde descansaba el beato quedó intacta, la cúpula de la Capilla se resquebrajó, y casi cae sobre los fieles que se habían agrupado alrededor del templo.

Sin embargo, en el momento más culminante del episodio, la cúpula volvió a su lugar y, poco a poco, a través de los años, fueron soldándose las partes resquebrajadas. Nadie pudo negar jamás que este fenómeno físico se realizó por la voluntad divina de Cono.

El cuarto milagro está constituido por el hecho que, en el siglo XIII, cuando toda Italia se vio inundada por los sonidos estridentes de los clarines guerreros de Federico de Aragón, sólo la zona de Diano, situada en el corazón de Salerno, no pudo ser dañada por las huestes de aquel. El espíritu de Cono, desde su tumba, movió dulcemente los badajos de las campanas de la Capilla, como llamando a la cordura y a la paz a todos los hombres del mundo. Y nadie se atrevió a tocar la vida de ningún habitante de la región.

El quinto milagro se relaciona por su prolongación histórica, con el que dejamos anotado. Entre los soldados que combatían en aquella guerra inhumana, había un soldado que según consta en la biografía coniana, había sufrido la amputación de un dedo. Este soldado, fiel a su patrono, antes de dirigirse a la línea de batalla, quiso persignarse encomendándose a Dios. Para ello, previamente, dirigió su mano a la fuente bendita, y al retirarla notó emocionado y tembloroso, que el dedo que le faltaba había sido restituido a su lugar, por la acción y la gracia del Santo que allí reposaba para la eternidad.

San Cono también es invocado en ciertos países del mundo para acertar a las loterías y quinielas, y debido a su gran influencia "demostrada" trae suerte a los apostadores.


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